Superliga: Protestas de hinchas y presión social destruyen el esperpento de torneo

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Luego de hacer el ridículo en televisión abierta española y ser tendencia mundial en redes sociales a causa de las barrabasadas expresadas, Florentino Pérez terminó viendo como su proyecto de Superliga pasó a la historia en 48 horas, después de que los seis clubes ingleses se retiraran uno tras otro, seguidos luego por los italianos y el Atlético Madrid.

Es difícil hacer un análisis desmenuzado de lo ocurrido cuando, en la práctica, Real Madrid y Barcelona siguen aferrados a la idea. Pero a grandes rasgos, sí se puede decir que el fracaso de la Superliga tiene mucho que ver con que los dueños de los clubes subestimaron el poder de la gente, especialmente en Inglaterra donde el fútbol tiene un arraigo social que va más allá de las billeteras de los propietarios.

Quizás Florentino Pérez o Andrea Agnelli no lo vieron venir porque son parte de culturas futbolísticas muy diferentes a la británica. En España, medio mundo es hincha del Real Madrid, sin importar la ciudad de origen. Fracasar en Champions es peor que fracasar en la liga, porque saben que eventualmente la van a volver a ganar aunque sea por default, como el año pasado en la que el Madrid ganó casi por incomparecencia del Barcelona. En Italia, qué decir: la Juventus se paseó a la Serie A entera por casi una década, luego de que jugaran un año en la B porque los pillaron comprando árbitros. Todo muy normal.

Pero en Inglaterra, las cosas son distintas porque la cultura del fútbol es sagrada. Los hinchas del Fulham serán muy cuicos, pero llenan el estadio en cualquier división, como buen equipo ascensor. Los del Chelsea, tal como reza la pancarta de un hincha protestando afuera de Stanford Bridge, no quieren que les quiten el derecho a cagarse de frío en un partido de visita frente al Stoke. Y lo mismo se da en divisiones inferiores, con clubes mucho más pequeños, pero siempre juegan a estadio lleno (hasta antes de la pandemia).

Los dueños de los clubes ingleses que se retiraron de la Superliga no lo hicieron porque vayan a perder -o dejar de ganar- dinero, sino simplemente porque no había beneficio alguno en seguir metidos en tamaña cuchufleta. No es un asunto de plata porque la Premier League es en general saludable y, aún con pandemia, un equipo como el Leeds puede gastarse 100 millones para reforzar el plantel. Los equipos ingleses son el hobby caro de sus dueños, que los tienen porque están aburridos como Abramovic o porque quieren lavar una imagen, como el City Football Group. Pero a la larga, los clubes existen no gracias a los dueños, sino a los hinchas. Para los británicos, el ritual del fútbol es sagrado: curarse de camino al estadio, saltar de espaldas durante el partido y quizás seguir tomando antes de irse a su casa.

Al final, la payasada de la Superliga se cerró igual como comenzó: mal. Y a la luz de lo sucedido, en realidad no podía terminar de otra forma si su origen era un grupo de millonarios que pretendieron tomar a medio mundo por tarados, diciendo que su objetivo era “salvar al fútbol” mediante la ley del chorreo. Quizás Florentino Pérez es realmente más tonto de lo que parece, porque sin descaro habló en TV abierta de que si a los grandes les va bien entonces al resto le va a ir bien. En un continente en el que -con matices- todo se basa en socialdemocracias, no se puede ser tan vaca de hablarle de chorreo a toda Europa a menos que seas realmente así de vaca.

Petr Cech, sin casco, conteniendo la protesta de los hinchas

Igual quizás lo más irónico de este asunto es que la Superliga dejó relativamente bien parada a la UEFA. O dicho de otra forma, el prospecto de este esperpento de liga hizo que el reformulado esperpento de Champions League pareciera menos indecente. Va a ser morboso ver como se reactivan las relaciones entre la UEFA y los clubes disidentes que ahora se vieron forzados a volver con la cola entre las piernas, incluso luego de haber renunciado a la ECA antes de anunciar la Superliga.

Al momento de publicar esta entrada, no está claro que va a pasar con el proyecto más allá de que está suspendido. Hay una semifinal de Champions por jugar en la que está involucrado el Real Madrid y no sería mala idea un castigo ejemplar por parte de la UEFA (que obviamente no va a pasar). Pero a modo de moraleja y de cierre de esta primera parte de la historia, lo que quedará es la fotografía de un triste espectáculo en el que 12 clubes millonarios quisieron hacer su propia liga para millonarios sin preguntarle a nadie porque quizás no creyeron que fuese necesario. Y así les fue.

Será un misterio eterno saber que pretendía el Tottenham, el chancho en misa de la Superliga.